1.7.06

Conclusivas conclusiones

No podía despedirme de este viaje con la adrenalina de tener un avión que tomar por delante. Sería una falta de respeto a ustedes, quienes vivieron a través de una lectura informal, despreocupada y fugaz, una partecita de este gran viaje que terminó hace algunos días. Por eso, me tomo la libertad de agregarle a este blog de viaje un capítulo final: sus conclusiones.

Quizás se trate de algún vicio académico querer extraer conclusiones generales de tantas vivencias distintas en el transcurso de estos días, pero la pasé tan bien que el ejercicio en sí me genera placer.

Releyendo los blogs me doy cuenta de que hay algo que es indiscutible: la pasé espectacular. Creo que no hubo una sola cosa de este viaje que haya salido mal. Todo fue realmente increíble, los lugares, las experiencias, la paz y la filosofía con la que pude disfrutar estar en ese lugar, hasta el modo mismo en el que me vinculé con ustedes, contándoles esto y compartiéndolo, fue parte de ese disfrute extra que siempre da el intercambio con los que uno quiere.

A nivel personal, se trató de un viaje que siempre había querido hacer y que por suerte pude hacer, que salió redondito.

Estados Unidos siempre te genera esas sensaciones ambivalentes, de admiración en algunos aspectos, sorpresa y decepción en otros. El nivel de penetración de la tecnología en la vida de la gente y las consecuencias sociales de esa profundización progresiva creo que son temas apasionantes para discutir y pensar los problemas sociales que suscitarán. Acá también, tarde o temprano, en mayor o menor medida, llegarán.

Esto puede pensarse desde ver una película en DVD mientras vas a trabajar y estás en el subte (y tus vecinos de asiento también se enganchan con la película) hasta comprender cual será la disposición a trabajar por parte de chicos que están expuestos entre 4 y 5 horas por día a jugar con videojuegos de alta definición, calidad y que exigen una destreza técnica y agilidad de reflejos que puede estupidizarte en poco tiempo. Desde entender que se pasó de modelos de vinculación (como se conoce la gente) en redes sociales cercanas a la infinidad y la amplitud del universo internético (y esto obviamente, con conocimiento de causa en carne propia), hasta el surgimiento de gente con problemas de stress hogareño por trabajar en sus casas... Enfermedades "modernas", asociadas a la tecnología y a su nuevo papel de "facilitador" de la vida.

Me impresionó mucho eso. Comprendi también, para sorpresa, de que nosotros no estamos tan lejos de eso. Estamos lejísimos en términos de masividad del fenómeno, por lógicas cuestiones de poder adquisitivo... con el 40% de la población apenas subsistiendo, difícil pensar que esto pueda cambiar en poco tiempo. Pero en absoluto estamos lejos en cuanto a lo que puede generarse en aquellos estratos que acceden a la tecnología y su consecuente uso. De hecho, la internet sigue incrementando su participación en los estratos sociales inferiores.

Y siguiendo en línea, observé también como la tecnología termina también circunscribiendo la vida cotidiana a conseguir más y más y más tecnología... Que utilizamos al...10-15%? Cuántas funciones de un celular se usan en promedio? Qué cantidad de "chiches" quedan sin explotar por cada aparato electrónico? Y este frenesí techno oprime y empuja la vida fuera de eso. Fuera de tomar sol al aire libre, fuera de actividades sociales en conjunto, fuera de miles de cosas...

Por fuera de estas disgresiones, sigo impresionado por el rápido "olvido" de lo que sucedió con las Torres, al cual contribuye claramente la escasa información que el lugar brinda, y muchísimo más, por supuesto, la excelente no-campaña del gobierno, muy ocupado en asociar que la guerra de irak es el fin de la guerra contra el terrorismo (cuando ni siquiera fue el principio...ni nada que se le parezca). Me sorprendo por las generaciones de japoneses que no entienden cuando un japonés inmigrante más viejo les habla en japonés, por las casi nulas parejas multirraciales en un país multirracial, por la separación de Nueva York en el Este Blanco ("Whitey Town" como la bauticé) y el Oeste Resto del Mundo, por el nivel de stress al que están sometidos los neoyorquinos, muchos de los cuales deben vivir con perfectos extraños en sus propias casas para poder pagar la renta y acceder al preciado código 212 del teléfono.

Muchas cosas sorprenden. En la capital del mundo, uno no puede dejar de pensar que en el futuro, todas las ciudades puedan volverse rapidamente como Nueva York. O acaso la globalización no exige una migración multirracial masiva a todas y a ninguna parte? No debería haber un flujo de especialistas de muchos países yendo a lugares donde se los necesita? No estan condenadas todas las ciudades del mundo, las capitales, los grandes centros urbanos, a convertirse en ciudades globales?

Y eso me llevaba a preguntarme: ¿Cuál es la identidad cultural de Nueva York? ¿Cómo distinguir a un neoyorquino de alguien que vive en New Jersey? Cuando entran tantas categorías y tipos de personas juntas en un lugar... la identidad es todo y nada al mismo tiempo. New York es el mundo en sí mismo, metido todo en una pequeña isla (ni siquiera necesita de Brooklyn, Queens o el mismo Bronx para eso, alcanza sólo con Manhattan). Habrá más de estas islas "mundiales"? Podemos decir lo mismo de Hong Kong? Qué hay de Londres, París o Los Angeles? Estuve ahí y no tengo la misma sensación que me despierta Nueva York... y no es que están las Naciones Unidas ahí... es algo distinto.

Quizás no consigo transmitirlo del todo bien, pero está ahí, es indiscutible, pasen y vean. Llegás a la ciudad y tu pasaporte dirá por algunos días "ciudadano residente del mundo". Aunque vivas, trabajes, y tengas familia ahí. Aunque desayunes en el Upper West Side, trabajes en el Financial District y los fines de semana los pases cazando ciervos en Albany... estás contagiado: tenés el virus de la sociedad global, tenés la marca indeleble de la identidad cultural hegemónica neoyorquina... que no te distingue de ningun ciudadano del mundo en especial, porque una persona no puede albergar muchas características en sí mismas de toda la identidad cultura de la ciudad. Es difícil ser negro, latino, judío y chino al mismo tiempo. Es complicado ser bohemio, artesano, burgués y político en sí mismo. Es impensable ser taxista, manejar la tienda de Apu del Mini Super simpsoniano, ser gerente de una cadena de farmacias y vender tus pinturas en galerías de arte multimillonarias al mismo tiempo. Y sin embargo, Nueva York es todo eso...JUNTO.

Fue maravilloso ver todo esto, vivir unos días como si fueras parte de algo que te recibe y te incluye tan rapidamente como si fueras una gota de agua que se agrega a un líquido espeso. Vos sos una gota verde, el líquido es azul, y cuando te mezclás, sigue siendo azul, pero vos adentro seguis siendo verde... porque las gotas no cambian cuando se suman a ese líquido, siguen teniendo la misma esencia que cuando ingresaron. Importa de qué color es el líquido? No. Importa de qué color sos vos, es decir, la gota? Tampoco. Lo que importa es que el color del líquido, aun manteniendo distintas gotas, está definido, es uno solo, engloba a todos. Incluye. Te terminarás ubicando del lado que te corresponda: blancos al este, si te alcanza el presupuesto; el resto al oeste (si te alcanza el presupuesto también). Pero aún a pesar de esas marcadas geo-étnicas (?)... formarás parte de un todo mayor.

Les agradezco a todos la lectura de este espacio que tanto me gustó mantener y actualizar con cosas, vivencias y boludeces (que también las hubo y muchas). Gracias por los mails - algunos que no pude contestar, que se me pasaron o los evité a propósito porque en realidad no los banco o no tenía como contestarles que tenían razón y no tenía ganas de aceptarlo - por compartir, por estar, por la onda, por recibirme y hacerme sentir de vuelta que volví a casa.

Volví a casa.

Abrazos

S/M